Llevo años observando y encarnando la narrativa peyorativa que hay en torno a las mujeres y sus estados hormonales.
Tanto en hombres como en mujeres las hormonas cumplen funciones muy importantes en nuestro organismo. Son las mensajeras químicas entre nuestras células y nuestros órganos, responsables de nuestros cuerpos sexuales, y también de nuestro comportamiento, nuestro sentir y nuestro pensar a un nivel muy instintivo.
EL cuerpo femenino vive la ciclicidad de una forma más visible que el hombre. Cada ciclo menstrual pasamos por una subida de determinadas hormonas y descenso de otras.
¿Qué ocurre cuando no estamos abiertas al cambio permanente que es la vida?, ¿Qué pasa cuando nos apegamos a una identidad única? Vivimos en una realidad social que sólo nos quiere y aprueba en una parte del ciclo: la estrogénica, donde, normalmente, tenemos más energía y somos más productivas.
Cuando, como mujeres, no conectamos con nuestra ciclicidad, vamos perdiendo nuestro poder personal. Entender que no siempre podemos estar en el máximo de actividad, ni tan receptivas con las personas con las que nos relacionamos, ni tan pacientes… Hay momentos en los que necesitamos silencio y conectar con lo que duele en ese momento. Habitar esos momentos nos abre a validar nuestra naturaleza femenina. La menstruación no sólo implica una limpieza del organismo físico, también nos ayuda a poner orden emocional.
Para la mayoría de nosotras es impensable permitirnos un descanso en esos momentos donde no podemos rendir igual. En lugar de eso, nos sobreesforzamos para que nadie se de cuenta de que no llegamos. Es actuar como si nada estuviera pasando en nuestros cuerpos. Vivimos la menstruación como si no estuviera ocurriendo. Y en la realidad, todo cambia en ese momento. Nuestras necesidades físicas y emocionales son diferentes en cada parte del ciclo. Ignorar ésto, a largo plazo y sumándole tu historia y la de tu genética, implica que se expresará por otros medios: menstruaciones dolorosas y toda la patología asociada a nuestra sexualidad que se está dando en la actualidad, en nuestros cuerpos agotados en estado de alerta intensa (SMP, SOP, miomas/pólipos, endometriosis…)
Esta situación de pérdida de poder y hormonas femeninas la vivimos también en momentos vitales tan importantes como el embarazo, el parto y el posparto. Cuando estaba embarazada, recuerdo las visitas al hospital con ansiedad, pues me trataban como si no estuviera en pleno uso de mis facultades por estar gestando. Esta vivencia la escucho en muchas de las mujeres que acompaño. Ellas mismas se creen este discurso social de que estamos “locas de hormonas” y por tanto, no se reconocen en este estado de alta emotividad, de alerta para cuidar la vida, de reivindicación social en cuanto al mundo que vamos a dejar a nuestras criaturas… Y es que las hormonas del embarazo están ahí trayéndonos los mensajes que necesitamos para que la vida se cuide: hacemos limpieza de relaciones que no nos nutren, eliminamos todo lo superfluo que nos dispersa de lo importante: gestar y dar vida. Cuando no los escuchamos y actuamos en consecuencia, vienen miedos, inseguridades, y el no reconocernos en esta nueva realidad.
Y finalmente llegamos a la etapa vital del Climaterio, perimenopausia y menopausia. Esta sociedad devalúa todo lo relacionado con esta etapa: Nos ancla a un físico del pasado, donde éramos más jóvenes, nuestros cuerpos más prietos, nuestra piel más tersa, y también donde estábamos más en el cuidado a lo externo: familia, hijxs, parejas. En este momento de nuestra vida, también las hormonas nos traen mensajes no sólo en el cuerpo físico, donde dejamos de poder dar vida física. Ahora toda esa energía creadora es para nosotras mismas: nos invita a elegirnos en primer lugar, a poner límites que nos cuiden emocionalmente, a poner en orden nuestro pasado para coger con fuerza nuestro presente. Ahora sí es la última llamada de atención para vivir la vida que siempre hemos querido vivir.
¿Pero que ocurre si no atendemos todos estos llamados a ser nosotras mismas? ¿Qué ocurre si la sociedad que nos debería de sostener, no tiene como objetivo cuidar la vida y las personas, si no la productividad sin fin, a todo coste? Sin darnos cuenta este discurso de menosprecio en cuanto a nuestro sentir hormonal está instaurado en lo más profundo de nuestro inconsciente, y por tanto nosotras también nos rechazamos cuando estamos más sensibles, más lloronas, en definitiva, menos disponibles para el exterior.
Las hormonas se van a manifestar con o sin tu consentimiento. En función de como las acojamos podemos perdernos o empoderarnos en nuestra vida. Ellas nos traen al presente y a conectarnos con la sabiduría del cuerpo, a la escucha de nuestras necesidades actuales, sin apegarnos a la que fuimos.
¿Eliges estar en armonía con tu parte mamífera?